Esta mañana he ido a unos grandes almacenes y al pasar por la sección de ventiladores nos hemos quedado de piedra al descubrir que uno de los ventiladores que allí se vendían tenía una pegatina en la que se podía leer “contraseña Wifi” y “dirección MAC“.

 

La información sobre para qué sirve esos datos nos lo encontramos en la página web del producto, básicamente consiste en una comparativa de los parámetros térmicos de tu localidad con respecto a los obtenidos por los sensores del propio ventilador y suponemos que, aprovechando la comunicación con este, también se podrá controlar algunos parámetros como activar y desactivar el humidificador, la potencia del ventilador, y poco más.

Hace un par de años, ya se veía una marca de electrodomésticos que tenía un modelo de sistemas de aire acondicionado que ya permitía controlarse vía móvil gracias a una red Wifi y una aplicación propietaria. Entendía su utilidad para encender el aire antes de llegar a casa para encontrarla a la temperatura idónea al llegar, pero considerando que para poder activarla hacía falta estar en la misma red Wifi, o uno se monta una red VPN para poder conectarse a la red de la casa donde sea y poder activarlo en remoto, o bien la utilidad era poder perder el mando a distancia sin preocuparse al poder ser controlado por el móvil.

Dotar de conexión IP a un electrodoméstico, es algo que siempre he visto interesante desde el punto de vista domótico, esto es: ser capaz de conectarse a una central que controle horarios, consumos, cargas, etc. de forma autónoma y sin supervisión, pudiendo enviar alertas y mensajes informando que “no hay más yogures en el frigorífico“, “la lavadora ha terminado“, “se ha empezado a grabar nuestra serie favorita“, o algo así. El simple hecho de contar con una cámara web conectada a Internet en el interior del frigorífico para poder ver el contenido mientras estás en el supermercado y saber si hay que comprar uno u otro producto, es más útil que poder controlarlo en la distancia.

La IoT no es solo un término “de moda”, es mucho más: Es la capacidad de convertir dispositivos tradicionales en dispositivos mucho más útiles para nosotros al conectarlos a Internet y aprovechar el potencial que ello nos brinda. La “I” de IoT no es IP, si no Internet, de ahí que la utilidad principal sea la posibilidad de conectarlos a Internet.
¿De qué sirve un dispositivo que genera una red wifi para poder controlarlo en nuestra red local? Para el caso en que hayamos perdido el mando a distancia y no queramos levantarnos para pulsar un botón, además de para encarecer el producto más de 100€.

La propia IPv6 está orientada a dar una dirección IP externa a cada dispositivo de la casa, y así poder acceder a ella sin problemas de NAT, puertos mapeados y demás inventos. Incluso el propio lenguaje Java tiene ese nombre porque era un lenguaje cuyo ejecutable era pequeño y orientado a programar dispositivos y electrodomésticos como cafeteras y así, poder dotarlos de cierta inteligencia como autoencenderse a una hora determinada para preparar el café de forma automática mientras nos despertamos.

La parte interesante de la IoT es la capacidad de un aparato de comunicarse con aplicaciones y otros dispositivos externos, de ahí la importancia de la comunicación y que el protocolo utilizado para enviar estos mensajes sea un estándar. Quizá si estos sistemas tuvieran implementados algún protocolo estándar como MQTT o similar, tendría alguna utilidad más, pero de momento, solo sirve para parecer más útiles de lo que son realmente, además de para confundir al usuario.

 

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